
Recuerdo la primera vez que analicé un sueño con ayuda psicoterapéutica.
Me quedé boquiabierta de todo lo que podía descubrir de mí misma en un relato tan bizarro como ese sueño. Me sentí desnuda, transparente, y que los demás podían ver hasta cosas que yo misma no sabia de mí.
Fue una experiencia tan alucinante que a partir de esa fecha no dejo de anotar mis sueños, y ahora ayudo a otras personas (como psicoterapeuta) a que se descubran como yo lo hice aquella vez.
Fue en el año 1993, en Santiago de Chile, donde yo, recién llegada de Perú para especializarme en Psicoterapia Gestalt, caí por azares del destino donde Diana Rivera, una excelente psicoterapeuta chilena que tenía como hobbie hacer sus ya famosos talleres de sueños. Digo hobbie, porque ella era especialista en Terapia Familiar Sistémica, y esto de los sueños, era otra forma de ejercer la psicoterapia, menos formal, más entretenida y creativa.
Aprendí mucho de Diana, una extraordinaria mujer que con mucho afecto y fina intuición, sabía desenredar el ovillo (el sueño en bruto) jalando de un hilito hasta que llegaba al tema de fondo del sueño. También aprendí de mis maravillosas compañeras de taller, que en su gran mayoría eran mujeres todos los años. Y es que en los talleres psicoterapéuticos sucede que siempre hay más mujeres que hombres. Alguien se atreve a dar su opinión acerca de ésta estadística?
Muchos años han pasado de esas experiencias como aprendíz, y otros tantos han pasado en mi propia experiencia psicoterapéutica, ayudando a quienes quieren encontrar respuestas dentro de sí mismos.
Es hora de entregar algo de lo que yo he aprendido todos estos años.
Quiero hacerlo y la tecnología me lo facilita.
Este blog, será el espacio donde yo le cuente a cualquier persona que le interese, mis vivencias con respecto al tema de los sueños, en palabras sencillas, cotidianas, con ejemplos de mi cosecha y también de la cosecha de otros, pero por supuesto manteniendo la debida confidencialidad y respeto por mis pacientes, que son mis grandes maestros “en la cancha”.
Se imaginan un grupo de mujeres, entre ocho a diez, todas interesadas en descubrirse a través de los sueños, agarrando sus chilpas y subir a un refugio para esquiadores (sin nieve, fuera de temporada), en la punta del cerro, por un fin de semana a soñar, compartir y a hacer terapia?
Es una de las vivencias mas lindas que he tenido en mi vida.
Fuera del compartir un fin de semana con personas extraordinarias, comer rico y disfrutar de la naturaleza groseramente… recuerdo que Diana llevó un libro de cuentos de esos orientales, que nadie conoce, y con la pijama y las babuchas puestas, nos juntábamos a escuchar los relatos para estimular nuestra imaginación y soñar algo diferente de todos los días. Al dia siguiente, nos moríamos por saber qué habían soñado todas. La gran mayoría (me incluyo), incorporamos algún elemento de los cuentos, que por supuesto, tenía mucho que ver con cada una de nosotras.
Y es a partir de ésta anécdota que les quiero explicar que ningún elemento del sueño está ahí por azar. Nosotros somos todos los elementos de nuestro sueño, ya sean éstos humanos, animales, objetos, personas que existen en la realidad, personajes de la televisión, monstruos, paisajes, plantas, etc.etc.etc.
Definitivamente, hay veces en que el soñante se refiere a alguien en concreto, tratando un tema importante del momento de vida, pero si después de cerrar el tema, se trabaja “ese elemento” como si fuera parte de mí, estoy segura que siempre voy a descubrir algo.
Recuerdo que en cierta época, hace como 15 años, empecé a soñar con el elemento “Alan García”. A la tercera vez que soñé con él, dije: “Ah, no, tengo que descubrir qué parte de mí es Alan García y qué está pasando en mi vida aquí y ahora que sueño tanto con él”… Descubrí que para mí, ese personaje se caracterizaba por tener un verbo florido. Para otros, tal vez podría significar otra cosa, pero para mí, lo principal, era el floro. Esa era mi parte Alan. Qué pasaba con mi floro en aquella época? Era desastroso, hablaba muy directamente (a lo bestia), me faltaba diplomacia, saber decir las cosas claras, ser más enérgica , etc….o sea, de alguna manera, yo necesitaba desarrollar mi parte Alan para mejorar en varios aspectos de mi carrera. Si bien ahora no hablo como canciller, les puedo asegurar que he desarrollado mucho más esa parte, y claro, ahora ya no sueño con Alan…se dan cuenta por qué? Ese será otro tema que desarrollaré más adelante, el de los sueños recurrentes….por ahora, para despedirme de uds. los invito a que comenten de qué se dan cuenta de ustedes mismos con lo que yo les he escrito.
Un abrazo y hasta la siguiente entrega..
Ana Cé